sábado, 11 de enero de 2014

Y todo empezó en la cocina de la casa del Dylan...

En Latinoamérica desde 1990 hubo un incremento en la cantidad de población joven de 72 millones a 186 millones. Según el World Youth Report 2007, el Programa de Juventud de las Naciones Unidas, en el mundo hay  1.2 mil millones de jóvenes entre 15 y 24 años de edad (representan el 18% de la población mundial). 
Su emergencia, su status, su presencia en los medios y el deseo insaciable del ser humano por mantener esa adorada etapa de la vida hacen de que ese período sea casi beatificado y bendecido por la sociedad en general. Sin embargo a muchos jóvenes en la actualidad se los ha catalogado como la generación "Ni Ni", una franja de la población que van de los 18 a los 24 y que "no estudian ni trabajan". Y qué no encuentran una razón para realizar actividades que antaño si la juventud hacía. Los factores que provocan este efecto en los jóvenes de esta generación no se pueden entender aisladamente cómo un capricho sino por las condiciones culturales que presenta el mundo en general: crisis económica y desempleo, y todas las apreciaciones que podamos hacer al respecto. Las pocas ganas de aprender que presentan muchos de ellos y la poca facilidad de poder independizarse de sus padres porque la oferta laboral es escasa o los sueldos no alcanzan para satisfacer necesidades básicas (lo que implica no poder acceder a un techo propio, etc.) hacen de que algunos decidan el camino de la delincuencia para obtener lo que quieren y recurrir a trabajos ilegales como narcotráfico, y etc. 
Es notable en estos meses últimos la presencia activa de los jóvenes (varones en su mayoría) participantes de disturbios y "viralizando" en la web esas actitudes violentas. Pero una sociedad que educa (con todo lo que implice esto desde lo cultural) para la violencia no puede esperar de sus jóvenes otra forma de respuesta ante la realidad (violenta también) que no sea la agresión. 


Sin embargo existen siempre las excepciones a estos grandes dogmas convencionales. Mientras caminaba ayer pensaba sobre la aventura musical de un grupo de amigos. Busqué un momento fundante en mi mente (no sé si para ellos ¡ pero sí para mí ! ) "todo comenzó en la cocina de la casa de Dylan...", allí un grupo de adolescentes hace unos años atrás cantaban un tema de su autoría: guitarras, mandolina, botellas de cerveza como percusión y hasta botellas con agua de instrumentos aerófonos. Dylan no es Bob pero si Gonzalo Cabral, su apodo se debe precisamente a su parecido con Bob, es quién filmó y en la cocina de su casa. Quizás no fue el momento inicial de una movida que en Campana siempre existió, pero rescato su inicio de mi memoria: tan lejano y tan cercano. 
Esos chicos que sellaron su amistad a través de la música y que hoy en día cursan otras carreras (algunos estudian exclusivamente música ), se siguen reuniendo para seguir haciendo vibrar cuerdas y batas al ritmo de temas que aún componen. El link al video de Los Kelpers, con el tema de Who I Am  filmado por Dylan y en el espacio de su casa antes mencionado es el que genera estos párrafos que estoy desarrollando. 
Luego esa formación inicial se separo y  sus miembros formaron otros grupos, y otros quedaron solistas, pero lo más capital de la cuestión es que se siguen reuniendo y haciendo muy buena música.
La educación que recibieron en la escuela media no fue precisamente en esa disciplina (no se contempla en la currícula del secundario que cursaron) sino que ellos aprendieron en forma autodidacta o recurriendo a profesores particulares. 
Imagino, que muchos pensarán en chicos o jóvenes, hijos, sobrinos, nietos, conocidos o no, que dedican parte de su vida a hacer actividades de esta índole. Lo que comento doy por seguro que no es único ni un hecho aislado.
Los medios ayudan a mostrar una cara de la realidad juvenil que los estigmatiza y quienes vivimos de esa visión vicaria corremos el riesgo como telefeligreses "creer" que es así...por ende, lo conveniente es estar atentos a estimular la expresión artística en nuestros jóvenes.
Y desde ya, si se desea componer, si se necesita inspiración, no hay nada cómo la cocina de la casa del Dylan.

Mariana Thomsen
Lic en Educación.